¿DEJAR EL BENEFICIO EN LA SOCIEDAD O REPARTIR DIVIDENDOS?


Tu sociedad ha cerrado el ejercicio con beneficios.

Después de pagar el Impuesto sobre Sociedades surge una pregunta muy habitual:

¿repartimos los beneficios entre los socios o es mejor dejarlos dentro de la empresa?

No existe una respuesta válida para todas las sociedades.

 

Repartir dividendos permite trasladar el dinero desde la empresa al patrimonio personal del socio, pero genera tributación en su IRPF.

Mantener el beneficio dentro de la sociedad evita, mientras no se distribuya, esa tributación personal inmediata y permite utilizar los recursos para financiar la actividad.

Pero dejar indefinidamente todo el dinero dentro de una empresa tampoco tiene por qué ser siempre la mejor decisión.

 

La cuestión debe analizarse desde una perspectiva conjunta:

fiscal + financiera + patrimonial.

 

Primero: beneficio no significa dinero disponible

Antes de decidir qué hacer con el beneficio debemos diferenciar dos conceptos:

beneficio contable y tesorería disponible.

Una sociedad puede presentar un beneficio de 100.000 euros y no tener 100.000 euros en el banco.

¿Por qué?

Porque parte de ese resultado puede estar materializado en:

  • facturas pendientes de cobrar;
  • existencias;
  • inversiones;
  • amortización de deuda;
  • activos adquiridos;
  • necesidades de circulante.

Por tanto, antes de repartir dividendos debemos analizar no solo cuánto beneficio existe, sino cuánta liquidez puede salir realmente de la empresa sin comprometer su funcionamiento.

 

Segunda cuestión: tampoco todo el beneficio puede repartirse

Aunque exista beneficio y dinero en el banco, debemos comprobar que jurídicamente pueda distribuirse.

La normativa mercantil establece determinadas limitaciones a la distribución de beneficios.

Entre otras cuestiones, habrá que revisar:

  • pérdidas de ejercicios anteriores;
  • situación del patrimonio neto;
  • reserva legal;
  • reservas estatutarias;
  • existencia de beneficios distribuibles;
  • otras limitaciones legales que puedan resultar aplicables.

Además, la distribución deberá ser aprobada correctamente por la junta.

Por tanto:

beneficio ≠ beneficio distribuible ≠ tesorería disponible para repartir.

Son tres magnitudes diferentes.

 

Opción 1: repartir dividendos

Cuando la sociedad distribuye beneficios, el socio recibe el dinero en su patrimonio personal.

Si el socio es una persona física residente fiscal en España, el dividendo tendrá, con carácter general, la consideración de rendimiento del capital mobiliario y se integrará en la base del ahorro de su IRPF.

Además, la sociedad deberá practicar la correspondiente retención a cuenta.

Por tanto, el beneficio habrá soportado dos niveles de tributación económica:

1. Impuesto sobre Sociedades en la empresa.

2. IRPF cuando el beneficio llega al socio mediante dividendo.

Esta es una de las cuestiones fundamentales que debemos tener en cuenta antes de repartir.

 

Opción 2: dejar el beneficio en la sociedad

La alternativa consiste en no distribuirlo y destinarlo a reservas.

En este caso, el beneficio permanece dentro del patrimonio de la empresa.

La sociedad ya habrá tributado por el Impuesto sobre Sociedades correspondiente, pero el socio no tributa en su IRPF por un dividendo que no ha recibido.

Esto permite diferir la tributación personal hasta el momento en que, en su caso, esos beneficios se distribuyan.

Pero atención:

diferir un impuesto no significa necesariamente eliminarlo.

Si dentro de unos años esas reservas se distribuyen mediante dividendos, el socio tributará conforme a la normativa que resulte aplicable en ese momento.

 

Ejemplo sencillo

Supongamos una sociedad que obtiene:

100.000 € de beneficio antes del Impuesto sobre Sociedades.

Para simplificar el ejemplo, vamos a suponer un tipo de IS del 25 %.

Impuesto sobre Sociedades:

25.000 €

Beneficio después de impuestos:

75.000 €

La sociedad tiene ahora dos grandes alternativas.

 

Alternativa A: repartir los 75.000 €

Si mercantilmente puede distribuirlos, el socio recibe un dividendo.

Los 75.000 euros se incorporarán a su base del ahorro y tendrá que tributar en IRPF.

Por tanto, una parte adicional del beneficio generado terminará destinándose al pago de impuestos.

A cambio, el dinero pasa definitivamente al patrimonio personal del socio.

 

Alternativa B: mantener los 75.000 € en la sociedad

No existe en ese momento un dividendo para el socio.

Por tanto, no se genera por ese mero hecho la tributación personal asociada a su distribución.

Los 75.000 euros permanecen en la empresa y pueden utilizarse para financiar su actividad.

La diferencia fundamental es que el dinero sigue siendo de la sociedad, no del socio.

 

El dinero de la sociedad no es el dinero del socio

Esta cuestión parece evidente, pero en pequeñas empresas genera numerosos problemas.

Si decidimos dejar 75.000 euros dentro de la SL para evitar distribuir dividendos, el socio no puede utilizar posteriormente esos 75.000 euros como si fueran su cuenta bancaria personal.

Por ejemplo, no debería pagar con ellos sin más:

  • vacaciones personales;
  • reformas de su vivienda;
  • compras particulares;
  • gastos familiares;
  • transferencias a su cuenta personal sin justificar;
  • vehículos destinados esencialmente a uso privado.

Si el dinero sale de la sociedad hacia el socio, debemos determinar jurídicamente qué representa esa salida:

  • remuneración;
  • dividendo;
  • préstamo;
  • devolución de una deuda;
  • reembolso de gastos;
  • u otra operación correctamente identificada.

Mantener beneficios dentro de la empresa solo difiere la tributación personal si el dinero permanece realmente dentro del patrimonio empresarial.

 

¿Cuándo puede interesar dejar los beneficios en la sociedad?

Existen numerosas situaciones en las que puede resultar razonable.

 

1.La empresa necesita financiar su crecimiento

Si se prevé:

  • contratar trabajadores;
  • abrir nuevas instalaciones;
  • comprar maquinaria;
  • desarrollar nuevos productos;
  • realizar campañas comerciales;
  • adquirir tecnología;

mantener beneficios puede reducir la necesidad de solicitar financiación externa.

La empresa se autofinancia con los recursos que ha generado.

 

2.Existe endeudamiento

La sociedad puede utilizar el exceso de tesorería para reducir deuda.

Antes de repartir dividendos puede tener sentido comparar:

rentabilidad esperada del dinero dentro de la empresa

frente a

coste financiero de las deudas existentes.

 

3.La empresa necesita circulante

Una sociedad rentable puede tener problemas de tesorería si cobra a sus clientes a 90 días y paga antes a proveedores, trabajadores e impuestos.

En estos casos, repartir dividendos excesivos puede generar tensiones financieras pocos meses después.

 

4.Se quieren reforzar los fondos propios

Mantener beneficios en reservas aumenta, con carácter general, los fondos propios de la sociedad.

Esto puede mejorar su solvencia y determinadas ratios financieras.

También puede resultar relevante ante bancos, proveedores o potenciales inversores.

 

5.El socio no necesita actualmente el dinero

Si el socio ya dispone de ingresos suficientes para cubrir sus necesidades personales, puede no existir una razón económica para retirar todos los beneficios cada año.

En ese caso puede estudiarse si interesa mantener una parte dentro de la sociedad.

 

¿Cuándo puede interesar repartir dividendos?

También existen razones perfectamente válidas para hacerlo.

 

1.El socio necesita liquidez personal

El beneficio empresarial debe terminar remunerando al propietario del capital.

Si el socio necesita recursos para:

  • adquirir una vivienda;
  • realizar inversiones personales;
  • complementar sus ingresos;
  • financiar proyectos particulares;
  • constituir ahorro personal;

el dividendo es una de las vías naturales para trasladar beneficio desde la sociedad a su patrimonio.

 

2. La empresa acumula más tesorería de la necesaria

Mantener dinero dentro de la empresa únicamente por evitar el IRPF tampoco tiene por qué ser eficiente.

Si la sociedad no necesita esos recursos para su actividad y no tiene oportunidades de inversión suficientemente atractivas, puede tener sentido distribuir una parte.

 

3. Se quiere diversificar el patrimonio

Un empresario puede terminar teniendo una parte muy importante de su patrimonio concentrada en su propia empresa.

Repartir beneficios periódicamente permite trasladar parte de ese patrimonio fuera del riesgo empresarial y diversificarlo.

Esta cuestión no es estrictamente fiscal, pero puede ser muy importante desde el punto de vista financiero.

 

No todo tiene que ser repartir o no repartir

Una de las decisiones más razonables puede encontrarse en un punto intermedio.

Por ejemplo:

Beneficio distribuible: 100.000 €

La empresa necesita mantener para inversiones y circulante: 60.000 €

Exceso razonablemente distribuible: 40.000 €

Podría acordarse:

60.000 € → reservas

40.000 € → dividendos

No existe obligación de elegir entre repartir todo o no repartir nada.

La distribución parcial permite equilibrar las necesidades de la empresa y las del socio.

 

La importancia del tipo marginal del socio

Para decidir cuánto distribuir también resulta útil analizar la situación fiscal personal del socio.

Los dividendos se integran en la base del ahorro junto con otras rentas y ganancias que puedan corresponder.

Por tanto, puede ser relevante conocer si ese mismo ejercicio el socio tiene:

  • otros dividendos;
  • intereses;
  • ganancias por venta de acciones;
  • ganancias por venta de inmuebles;
  • pérdidas patrimoniales compensables;
  • otras rentas integradas en la base del ahorro.

La decisión puede variar de un ejercicio a otro.

Por eso la planificación debería realizarse antes de decidir el importe definitivo a distribuir.

 

¿Tiene sentido repartir los dividendos durante varios años?

En determinados casos puede estudiarse.

Imaginemos que una sociedad dispone de reservas voluntarias importantes y sus socios quieren retirar parte de ellas.

No necesariamente tiene que distribuirse todo en un único ejercicio.

Dependiendo de la situación fiscal y financiera, puede analizarse una política de distribución durante varios años.

Pero no deberíamos decidirlo únicamente por motivos fiscales.

También hay que considerar:

  • necesidades del socio;
  • liquidez empresarial;
  • inversiones previstas;
  • evolución esperada del negocio;
  • posibles cambios normativos;
  • riesgos futuros.

 

¿Y si el dinero se va a invertir?

Esta es una cuestión especialmente interesante.

Supongamos que la sociedad tiene 200.000 euros de tesorería que no necesita a corto plazo.

El socio quiere invertirlos.

Tenemos dos posibilidades conceptualmente diferentes:

invertir desde la sociedad

o

repartir dividendos e invertir personalmente.

 

Fiscalmente no son equivalentes.

Si distribuimos el dinero, aparece la tributación personal correspondiente al dividendo antes de disponer del capital para invertir personalmente.

Si permanece en la sociedad, puede existir un mayor capital inicial disponible para la inversión.

Pero después habrá que analizar cómo tributan dentro de la sociedad:

  • intereses;
  • dividendos;
  • plusvalías;
  • fondos;
  • otros activos.

Y también cómo se recuperará posteriormente ese dinero por el socio.

Por tanto, no debería decidirse simplemente:

“Como en la sociedad tengo más dinero para invertir, siempre es mejor dejarlo allí”.

Hay que comparar toda la cadena fiscal y financiera.

 

REPARTIR DIVIDENDOS

 

 

Cuidado con convertir una sociedad operativa en una “hucha”

Una sociedad puede acumular beneficios durante muchos años.

Pero cuando el patrimonio financiero comienza a adquirir una importancia significativa respecto de la actividad empresarial, pueden aparecer otras cuestiones fiscales y patrimoniales que conviene analizar.

Entre otras, dependiendo de cada caso:

  • composición del activo;
  • consideración de determinados elementos como afectos o no afectos;
  • posible carácter patrimonial de la entidad;
  • aplicación futura de determinados incentivos o beneficios fiscales;
  • planificación sucesoria;
  • riesgos empresariales sobre el patrimonio acumulado.

Por tanto, acumular tesorería indefinidamente en la sociedad operativa tampoco debería convertirse en una estrategia automática.

 

¿Y una sociedad holding?

Cuando un empresario posee varias sociedades o ha acumulado un patrimonio empresarial significativo puede tener sentido estudiar estructuras societarias diferentes.

Por ejemplo, una sociedad holding puede permitir centralizar determinadas participaciones y organizar de otra manera la reinversión de beneficios dentro de un grupo.

Pero constituir una holding no significa automáticamente pagar menos impuestos.

Su conveniencia depende de:

  • estructura empresarial;
  • participaciones existentes;
  • beneficios recurrentes;
  • estrategia de inversión;
  • futuras ventas de empresas;
  • sucesión empresarial;
  • necesidades personales de los socios.

Es una decisión que requiere un análisis específico.

 

Repartir dividendos no sustituye la remuneración por trabajar

Otro error consiste en utilizar exclusivamente dividendos para remunerar a un socio que trabaja activamente en la empresa.

Los dividendos remuneran la condición de socio.

Si esa misma persona presta servicios a la sociedad, debemos analizar separadamente cómo deben remunerarse dichos servicios.

Además, cuando exista vinculación, tendremos que considerar las reglas de valoración a mercado.

Por tanto, una estrategia de distribución de beneficios no puede diseñarse ignorando la relación profesional, laboral o mercantil que pueda existir entre socio y sociedad.

 

Una estrategia frecuente: remuneración + dividendos + reservas

En muchas pequeñas sociedades la solución más razonable no consiste en elegir una única vía.

Puede existir una combinación de:

Retribución ➡️ para remunerar adecuadamente las funciones o servicios desarrollados por el socio.

Dividendos ➡️ para remunerar su condición de propietario cuando existan beneficios distribuibles.

Reservas ➡️ para mantener dentro de la empresa los recursos necesarios para financiar su actividad y crecimiento.

La proporción adecuada dependerá de cada sociedad y de cada socio.

 

Ejemplo de planificación

Imaginemos una empresa que después de impuestos genera 120.000 euros de beneficio distribuible.

El socio no necesita retirar todo el dinero.

La empresa prevé:

Inversión tecnológica: 25.000 €

Necesidades adicionales de circulante: 20.000 €

Colchón de tesorería: 25.000 €

Total que interesa mantener:

70.000 €

Quedan:

50.000 €

que podrían analizarse como potencial dividendo.

Ahora estudiaríamos la situación fiscal del socio y decidiríamos si interesa:

  • repartir los 50.000 €;
  • repartir solo una parte;
  • o mantenerlos temporalmente en reservas.

Esta forma de decidir resulta mucho más razonable que establecer:

“Todos los años repartimos todo el beneficio”.

o:

“Nunca repartimos dividendos para no pagar IRPF”.

 

Errores frecuentes

Entre los errores más habituales encontramos:

  • confundir beneficio con tesorería;
  • repartir todo el beneficio sin analizar las necesidades financieras de la empresa;
  • mantener indefinidamente toda la tesorería únicamente para evitar el IRPF;
  • utilizar posteriormente el dinero de la sociedad para gastos personales;
  • pensar que dejar el beneficio en reservas elimina definitivamente la tributación del socio;
  • no analizar la situación fiscal personal antes de repartir;
  • no considerar las pérdidas o limitaciones mercantiles;
  • no respetar la reserva legal;
  • retirar dinero durante el ejercicio y decidir después cómo justificarlo;
  • no distinguir entre remuneración por trabajar y dividendo por ser socio;
  • invertir desde la sociedad sin estudiar previamente sus consecuencias fiscales y patrimoniales.

 

¿Qué deberíamos analizar antes de decidir?

Antes de repartir beneficios conviene realizar una pequeña planificación sociedad-socio.

Al menos deberíamos conocer:

  1. Beneficio después de impuestos.
  2. Beneficio legalmente distribuible.
  3. Tesorería realmente disponible.
  4. Necesidades de circulante.
  5. Inversiones previstas.
  6. Endeudamiento.
  7. Colchón de liquidez necesario.
  8. Necesidades personales del socio.
  9. Tributación personal del dividendo.
  10. Otras rentas y ganancias del socio.
  11. Estrategia empresarial de los próximos años.
  12. Patrimonio que ya se encuentra concentrado dentro de la sociedad.

A partir de estas variables podremos decidir cuánto mantener y cuánto distribuir.

 

Conclusión

¿Es mejor dejar el beneficio en la sociedad o repartir dividendos?

Depende.

Mantener beneficios permite reforzar la empresa, financiar inversiones y diferir la tributación personal asociada al dividendo.

Repartir permite trasladar el dinero al patrimonio personal del socio, cubrir sus necesidades y diversificar su patrimonio fuera del riesgo empresarial.

Por eso la decisión no debería tomarse únicamente mirando el tipo del IRPF.

Hay que analizar conjuntamente:

fiscalidad + liquidez + inversión + riesgo + necesidades del socio.

Y muchas veces la respuesta no será ni repartirlo todo ni dejarlo todo dentro.

La estrategia más adecuada puede consistir en mantener en la sociedad los recursos que realmente necesita y distribuir de forma planificada el excedente.

Porque el objetivo no debería ser simplemente pagar menos impuestos este año, sino decidir dónde tiene más sentido mantener el patrimonio y cómo obtener el mejor equilibrio entre la empresa y sus socios.

 

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